Autonomía Estratégica Europea: urgencia, desafíos y oportunidades
En un mundo de transformación constante, la Unión Europea (UE) se encuentra en una encrucijada decisiva. En un momento en que el poder chino ya no es un tema de debate y el proteccionismo estadounidense resurge de repente, Europa se ve obligada a repensar profundamente sus bases industriales, energéticas y de seguridad. Lejos de ser una inevitabilidad, esta conciencia repentina ofrece una ventana histórica: la de pasar del lema de la "autonomía estratégica" a una política coherente, ambiciosa y realista, capaz de convertir a la UE en un actor soberano y resiliente en el escenario global.
A menudo se dice que el envejecimiento de la población mundial será uno de los grandes problemas del mañana. ¡Esto es cierto! Pero el envejecimiento de la población también es en cierto modo un fenómeno del pasado. Esto se puede observar en un gran número de indicadores: aumento de la edad media o promedio, disminución de la proporción de jóvenes en la población, aumento de la proporción de personas mayores, etc.
Publiado el 11 mayo 2025

Los rescates de la globalización
Durante décadas, Europa ha prosperado gracias a los mercados abiertos, el comercio y el intercambio de recursos. La búsqueda de bajos costos, experiencia y ganancias de productividad, especialmente orientada a optimizar las cadenas de suministro, ha permitido que la industria europea se mantenga competitiva. Pero este modelo demostró ser particularmente vulnerable en 2020, tras la pandemia de Covid-19. El cierre de fábricas, las interrupciones logísticas, la escasez de medicamentos y semiconductores, el aumento vertiginoso de los precios de la energía... todos fueron señales de advertencia de una dependencia excesiva.
Las tensiones se intensificaron con la guerra en Ucrania, exponiendo la fragilidad de nuestros suministros de gas y cereales, mientras que la inflación descontrolada erosionaba el poder adquisitivo de los hogares. Los costos geopolíticos de la "externalización" han surgido como un nuevo factor en la ecuación económica. Además, esto ha erosionado la industria europea a pesar de su importancia en la estructura económica del continente. Hoy en día, representa el 20% de su valor agregado bruto, pero el 80% de sus exportaciones y más de 30 millones de empleos.
De ahora en adelante, Europa debe identificar, dentro de sectores críticos como la salud, la agroalimentación, la energía, la defensa y las tecnologías avanzadas, los eslabones que deben ser relocalizados o asegurados mediante asociaciones confiables.
Desde la concienciación hasta las iniciativas legislativas
Frente a estos desafíos, las instituciones europeas han acelerado sus proyectos. El Pacto Verde Europeo de 2020 no solo estableció el objetivo de la neutralidad de carbono para 2050: también estableció la necesidad de una transición energética soberana, basada en cadenas de suministro locales y energías renovables de alto valor añadido. A continuación, REPowerEU, lanzado en 2022, planea movilizar 372 mil millones de euros de inversión para 2027.
Este plan institucionalizó la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles rusos, al tiempo que invitaba a los estados miembros a diversificar sus suministros y desplegar masivamente energía solar, eólica e hidrógeno verde.
Entre los hitos recientes, la Ley Europea de Chips de 2023 tiene como objetivo promover la producción de semiconductores avanzados en suelo europeo mediante el apoyo a la Investigación y Desarrollo y la movilización de fondos del programa Horizonte Europa y del Fondo de Transición Justa. Para ello, la UE planea desplegar 43 mil millones de euros con el objetivo de aumentar la capacidad de producción al 20% del mercado global para 2030. La Ley de Resiliencia Cibernética de 2024, asociada a un presupuesto de 4.5 mil millones de euros, fortalece la resiliencia digital de la UE contra ataques. La reducción anual estimada en los costos relacionados con ciberataques a empresas europeas gracias a esta nueva política se estima en 290 mil millones de euros. Finalmente, la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de 2023 fomenta la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria, con un presupuesto de 387 mil millones de euros, especialmente para apoyar a los agricultores en la transición hacia una agricultura responsable y resiliente.
A nivel presupuestario, NextGenerationEU e InvestEU han puesto a disposición más de 800 mil millones de euros para innovación, transición energética y modernización industrial, situando la autonomía estratégica en el centro de los planes nacionales y europeos de recuperación.
Más allá de estas iniciativas sectoriales y presupuestarias, surge un tema transversal: el de la reindustrialización. La autonomía estratégica europea no podría realizarse sin el retorno de una base productiva sólida en el continente. Esto implicaría reconstruir las cadenas industriales de suministro en áreas clave — baterías, equipos médicos, materiales críticos, electrónica, infraestructura energética — para reducir las vulnerabilidades sistémicas. Esta dinámica requeriría una política que apoye la innovación, una estrategia coherente de contratación pública y la mejora de habilidades mediante la formación. La Unión Europea también debería abordar las distorsiones de la competencia — que pueden surgir de subsidios extranjeros masivos o estándares sociales y ambientales más débiles — adaptando sus instrumentos de defensa comercial. La reindustrialización no es solo un imperativo económico: es una condición de soberanía.
Un paradigma sin precedentes en asuntos de defensa
La suspensión temporal, a principios de 2025, de ciertas entregas de armas estadounidenses a Ucrania fue un shock: Europa ya no puede depender de potencias externas para garantizar su seguridad. El déficit acumulado en gasto de defensa por parte de los estados miembros, estimado en 1.800 mil millones de euros desde el fin de la Guerra Fría (en comparación con el objetivo de la OTAN del 2% del PIB), ilustra tres décadas de subinversión que la crisis actual redefine como un riesgo estratégico genuino.
Las cifras hablan por sí solas: en 2024, Alemania aumentó su presupuesto de defensa en un 44%, Francia en un 15% e Italia en un 37% en comparación con 2023. La Comisión Europea respondió con "ReArm Europe", una hoja de ruta de cinco partes para desbloquear hasta 800 mil millones de euros en inversiones mediante flexibilidad presupuestaria, asociaciones público-privadas e instrumentos del Banco Europeo de Inversiones (BEI). El objetivo declarado: crear un ecosistema industrial y tecnológico europeo, desde la innovación hasta la producción, enfocándose específicamente en áreas como drones, ciberdefensa, sistemas de mando y propulsión por hidrógeno.
En este proceso, el establecimiento de la cooperación estructurada bajo el marco de PESCO (Cooperación Estructurada Permanente) y programas como el Fondo Europeo de Defensa permite compartir experiencia, armonizar estándares y lograr economías de escala, mientras se preserva la cadena de toma de decisiones dentro de la UE. El desafío es claro: contar con una capacidad operativa autónoma capaz de proteger todo el continente sin depender exclusivamente de Washington.
La industria de defensa europea, una palanca económica estratégica
Invertir en la defensa europea significa apoyar un sector que, a pesar de la significativa falta de inversión desde el fin de la Guerra Fría, es, según nuestro análisis, un potencial motor de crecimiento e innovación.
La modernización de las capacidades militares requiere programas de equipamiento a largo plazo — aviones, barcos, drones, sistemas de defensa aérea — que generan pedidos recurrentes para los fabricantes. Esta visibilidad a medio y largo plazo permite a las empresas planificar sus inversiones en I+D y las cadenas de producción, promoviendo la estabilidad económica y la creación de empleos altamente cualificados.
El sector de la defensa también tiene un efecto multiplicador en toda la cadena de valor industrial.
Las tecnologías desarrolladas para necesidades militares — inteligencia artificial integrada, materiales compuestos, ciberseguridad, propulsión eléctrica — encuentran rápidamente aplicaciones civiles, fortaleciendo la competitividad de sectores avanzados. Al apoyar estos proyectos, los inversores estimulan tanto la soberanía tecnológica de la UE como la diversificación de los ingresos de los fabricantes, reduciendo su exposición a los ciclos económicos.
A menudo reducido a la industria aeroespacial, el sector de defensa europeo desempeña sin embargo un papel clave tanto civil como militar. En 2023, generó una facturación de casi 159 mil millones de euros, un aumento del 16,9 % interanual, y empleó a alrededor de 581.000 trabajadores dentro de una densa red de 2.500 pymes. Doce empresas europeas están ahora entre los 50 mayores grupos de defensa globales, según el ranking SIPRI de diciembre de 2024, incluyendo cinco firmas francesas.
Mientras que Estados Unidos sigue dominando el mercado de armas (más del 40 % de las exportaciones globales), Francia ha ascendido al segundo lugar por delante de Rusia, impulsada por los cambios geopolíticos relacionados con la guerra en Ucrania. Los países de Europa Occidental y Estados Unidos representan ahora el 72 % de las ventas globales de armas. En 2023, las exportaciones militares europeas aumentaron un 12,6 %, alcanzando los 57,4 mil millones de euros.
Pero, ¿cuál sería el impacto real del desarrollo de la industria de defensa en el crecimiento europeo?
Todo depende de la naturaleza de los gastos realizados. Si se dirigen hacia la inversión — especialmente en equipamiento o investigación — su efecto multiplicador sobre la actividad puede ser significativo. Sin embargo, si reemplazan otros gastos públicos o alimentan las importaciones, su impacto será menor. Finalmente, los efectos beneficiosos sobre el crecimiento pueden tardar en materializarse, especialmente en proyectos de armamento pesado, cuyos beneficios solo se sienten a medio plazo.
Además, consolidar las cadenas de producción dentro de la Unión Europea ofrece oportunidades para sinergias y economías de escala. Agrupar capacidades a nivel supranacional, a través de proyectos colaborativos (PESCO, Fondo Europeo de Defensa), simplifica la adquisición y optimiza la infraestructura industrial. Para los inversores, esto se traduce en una reducción de duplicidades, mejor reparto de costes y márgenes operativos mejorados.
El contexto geopolítico actual, marcado por una mayor competencia entre grandes potencias, fortalece la atractividad del sector. Los estados miembros están comprometidos a elevar sus ambiciones estratégicas y asegurar sus suministros militares, lo que se traduce en un aumento significativo de los presupuestos de defensa. Esta tendencia ofrece al capital privado un terreno fértil para apoyar proyectos a gran escala, acompañados de garantías y asociaciones público-privadas, bajo condiciones contractuales favorables.
Finalmente, fortalecer las capacidades de defensa europeas ayuda a fomentar la aparición de un ecosistema industrial integrado, capaz de responder rápidamente a las crisis y ofrecer soluciones soberanas. El objetivo es doble: generar retornos financieros sostenibles mientras se mejora la resiliencia y seguridad del continente.
Las palancas de movilización ciudadana y privada
El éxito de esta apuesta descansa en tres pilares según nosotros: compromiso político, inversión privada y apoyo ciudadano. Los Estados miembros deben continuar armonizando sus normas, simplificando regulaciones y alineando sus sistemas fiscales para evitar la fragmentación del mercado único. El sector privado, por su parte, está incentivado a innovar mediante asociaciones con centros públicos de investigación y startups de tecnología profunda, mientras que los inversores institucionales europeos — bancos, fondos de pensiones, aseguradoras — son llamados a financiar infraestructuras estratégicas.
La sociedad civil, finalmente, debe estar involucrada en cada etapa a través de procesos de consulta y transparencia: las decisiones relacionadas con la agroalimentación, la energía o la ciberseguridad afectan el futuro de los ciudadanos y requieren una legitimidad democrática impecable. El desafío no es solo económico o militar; también es social: la autonomía estratégica debe imponerse como un proyecto unificador, combinando poder y valores.
Perspectivas y desafíos futuros
El camino hacia la autonomía estratégica europea constituye un desafío. Las divergencias económicas y políticas entre los estados miembros pueden ralentizar la toma de decisiones, y la competencia internacional, especialmente con Estados Unidos y China, se está intensificando en todos los frentes.
Sin embargo, el impulso es real. El futuro inmediato plantea dos requisitos: mantener el ritmo de las inversiones, tanto públicas como privadas, y profundizar la integración industrial, particularmente en chips electrónicos y robótica. Los próximos años también deben permitir medir el impacto real de las iniciativas lanzadas: reducción de importaciones críticas, cuota de mercado en sectores estratégicos y nivel de preparación operativa de las fuerzas comunes.
El desafío de la autonomía estratégica europea ya no es un mero eslogan, sino una verdadera brújula política. Implica combinar el poder económico, la resiliencia energética, la soberanía tecnológica y la fuerza militar, al tiempo que se preserva la unidad y los valores fundamentales de la Unión. Para lograrlo, la UE debe transformar sus ambiciones legislativas en logros tangibles, movilizar todas las fuerzas vitales y convertir cada crisis en un catalizador para el progreso. Además, una política industrial coherente y dirigida podría generar crecimiento, preservar el empleo y tener éxito en la transición climática. La política industrial es, de hecho, clave: afecta a muchas otras políticas como el comercio, el mercado interior, la investigación e innovación, el empleo y la protección ambiental.
En una era de incertidumbres geopolíticas, Europa tiene la oportunidad de convertirse en un contrapeso creíble, no retrocediendo, sino fortaleciéndose. La autonomía estratégica debería, en nuestra opinión, presentarse como una ambición, una oportunidad para moldear la Europa del mañana.